SANTIAGO

 

Alberto Larraín al rescate de nuestro patrimonio: reparando la salud mental de las comunidades

Para el director ejecutivo de Procultura, Alberto Larraín, hay una relación directa entre salud mental y patrimonio. Ambos tienen que ver con nuestra historia, con nuestra propia identidad, con quienes somos. Y así como hablamos de ‘reparar’ cuando una persona se somete a un proceso personal de salud mental, hablamos de ‘restauración’ cuando se trata de recuperar nuestro patrimonio cultural.

Médico psiquiatra, que actualmente está realizando un doctorado en salud pública, opina que la mayor crisis sanitaria del país es en salud mental, la que afecta a uno de cada cuatro chilenos. “Tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo para que la gente se enferme. Somos una cultura centrada en el hacer y alejada de lo que somos, y eso también se ve reflejado en el patrimonio”.

Larraín dice que tardó en entender por qué le interesaba encontrar puntos en común entre salud mental y patrimonio, pero a través de los años, “hemos visto que en comunidades dañadas, entre el tercer y quinto año de intervención, comienza a revertirse esa desesperanza y las comunidades empiezan a recuperarse”. Lo logran en la medida que las personas comienzan a reconocer sus propias historias locales, sus artesanos, sus herramientas, lo que fue la vida de sus abuelos, y luego comienzan a verse a sí mismos a través de exposiciones, o en publicaciones.

“En Chile pasa que se trae un montón de cosas de afuera y que poco hablan sobre nuestra propia realidad local”. En Lota llevaron a más de mil niños a conocer cómo se extrae el carbón y la mayoría no había bajado nunca a las minas, pese a que sus abuelos habían vivido -todos- de esta actividad. “Ahí te das cuenta cómo la historia está absolutamente descontextualizada de sus propios habitantes”, comenta Larraín.

¿Cuál es la relación entre Patrimonio y Salud Mental?

La salud mental tiene que ver con la capacidad de las personas para poder realizar una vida plena, y dentro de ese bienestar subjetivo hay cosas que te favorecen, como todo lo que tiene que ver con nuestra identidad, es decir, de dónde yo provengo y hacia dónde quiero ir. Del mismo modo, el patrimonio nos habla de nuestra comunidad, de lo que nos precedió y lo que va a permanecer cuando ya no estemos. Poder generar esa continuidad permite una cohesión social que disminuye las enfermedades mentales. El patrimonio dice relación con poner en valor lo que estamos construyendo, lo que consideramos importante, y eso mejora la calidad de vida y la hace más humanizante.

¿Cuál es el diagnóstico de nuestra sociedad frente al patrimonio?

Yo creo que Chile hemos perdido mucho a causa de los terremotos, en que gran parte de nuestro patrimonio se ha caído al piso. Y aunque han habido avances importantes, aún estamos en deuda. Tenemos zonas preciosas que no están protegidas ni conservadas. Muchas veces los vecinos no tienen ayuda para conservar un inmueble, y lo que pasa con el patrimonio es que no la vemos como una propiedad real colectiva. La fotografía de un palafito en Chiloé le pertenece a todos los chilenos, y si no podemos protegerlo no sólo afecta al dueño sino que perdemos todos.  

La mayoría de las localidad no tienen puesto en valor su propio relato. Para el 21 de Mayo estuve en Castro, y por primera vez se conmemoró a los siete tripulantes de Chiloé que estuvieron murieron en La Esmeralda. Nadie sabía hasta ahora de estos chilotes que participaron en la guerra del pacífico. Y cuando le cuentas esto a los niños se logra que esos vínculos con la historia sean mucho más relevantes.

¿Cuál ha sido el aporte de Procultura al patrimonio del país?

El mayor aporte es que hemos trabajado casi exclusivamente en entornos vulnerables, en comunidades que históricamente se han sentido marginadas, siendo una voz de que lo que ellos tienen es valioso, permitiendo así restablecer confianzas. Y por otro lado, en ampliar el concepto de patrimonio. La gente tiende a creer que el patrimonio es el palacio neoclásico. Nosotros hicimos un libro de Casas Patrimoniales en Aysén, porque las primeras casas hechas por los colonos también son patrimonio. Hicimos también una Ruta de la Vivienda Social en Renca, eso también es patrimonio. En Renca están todos los tipos de vivienda social que han existido, y en eso la comuna tiene un patrimonio que tiene que ver con su historia y con la gente que vive en ella.

¿Y de qué manera se refleja que mejora la salud de una comunidad?

En Tierra Amarilla, donde llevamos casi seis años trabajando, hace dos restauramos toda la calle principal. Desde entonces hemos visto que al poco tiempo se puso un café, algo que antes no era viable, y la gente se toma fotografías, van surgiendo emprendedores, y proyectos que se van hilvanando, pero es un trabajo lento que toma un mínimo de diez años. La salud mental tiene una distribución equitativa y cuando aumenta la pobreza, aumenta el alcoholismo, la depresión, la violencia. Pero también disminuye al haber encuentro entre comunidades, ahí donde las personas salen y se encuentran, donde se ponen metas comunes.

 Mural realizado por la comunidad de Lota.